En DISSET creemos que la comunicación empieza por las personas. Por eso creamos este espacio en nuestras redes para conocer mejor a quienes forman parte de nuestro equipo: profesionales apasionados que, con su talento y compromiso, hacen posible que sigamos creciendo como consultora de referencia en Baleares.
Josep Pons. Dirección de Consultoría de Comunicación
¿Qué destacarías de tu trabajo diario como profesional?
Cada día es un reto, y hay que tener una visión global del entorno de los clientes y de su ecosistema, saber qué está pasando, qué está cambiando, cómo evolucionan sus mercados, ante qué hay que responder y qué estrategia seguir en cada caso. Las empresas, como es normal, no siempre pueden tener una visión externa de sus necesidades o retos de comunicación, ni de qué es “noticiable”, porque su día a día está condicionado por estar dentro. Desde nuestra posición, con una perspectiva limpia pero una visión global y profesional, es más fácil aportar valor y detectar los puntos fuertes que deben potenciar.
Y cada día aprendo, lo cual es maravilloso: no perder la inquietud por conocer, preguntar y asimilar. En mi caso, el periodismo es absolutamente vocacional, y el drama es que se vive así desde las siete de la mañana hasta la medianoche. Lo analizas todo, lo valoras todo, lo ponderas; piensas en posibles implicaciones para tus clientes con cada contenido que consumes en webs o redes sociales. No puedo evitar tener una mirada crítica y un escepticismo sano hacia todo lo que consumo, hacia los emisores de los mensajes —públicos y privados—, para interpretar mejor la realidad y aportar valor en nuestro trabajo y propuestas creativas. Opinar, comentar y criticar, siempre con espíritu constructivo… Me temo que es deformación profesional y que ya no tiene demasiado arreglo.
¿Cuál es el gran reto al que nos enfrentamos hoy en día en el ámbito de la comunicación?
La primera respuesta tiene que ser la Inteligencia Artificial (IA). Es una gran herramienta para eliminar tareas arduas y análisis de documentos farragosos, para ganar tiempo y ser más productivos para los clientes. Pero, afortunadamente —y me gusta bromear sobre ello—, es artificial: se equivoca, no entiende de matices, no tiene mi experiencia, no comprende a mi cliente ni conversa con él. En nuestro caso, no lo vivimos como una amenaza, sino como una herramienta. La IA nos ayuda a agilizar trámites y a ganar tiempo para aquello que mejor sabemos hacer: escuchar, analizar y aportar valor.
Evidentemente, otro gran reto de la comunicación es y será siempre la reputación. Se puede tardar mucho en adquirirla y apenas unos segundos en perderla. Y para protegerla, el rigor básico sigue siendo el mismo: la comunicación debe recordar siempre las 5 “W” que nos enseñaron en las facultades de periodismo (el qué, el quién, el cuándo, el dónde y el por qué). Hay que ser transparente en lo que decimos, y más en esta era de la inmediatez, donde lo consumimos todo rápidamente y de forma visual. Y hay que saber también a quién nos dirigimos, por qué canal lo vamos a hacer y con qué intención. La estrategia se tiene que pensar antes; la improvisación debería reservarse para el directo.
Y otra cosa importante es que hoy en día la comunicación no puede permitirse errores evitables porque, en la era de la inmediatez en la que nos movemos, la equivocació te penaliza al segundo de comunicar, con muy poco margen de enmienda. Y no solo errores de fondo, también de forma. A veces sorprende ver el poco rigor, la falta de concordancia, las incorrecciones gramaticales de determinados mensajes, el poco mimo que se pone en el uso del lenguaje. Yo reivindico la importancia de, no solo comunicar cosas —eso lo puede hacer cualquiera—, sino de comunicarlas bien.
¿Cómo crees que será el futuro de la comunicación en tu especialidad?
Nos adentramos en un mundo en el que el trabajo “clásico” de notas de prensa, posts y campañas sigue siendo importante, pero deja de ser suficiente, y adquiere mayor relevancia disponer de un ecosistema que funcione siempre. Es decir, no solo lanzar algo y pasar a lo siguiente, sino construir una historia clara y creíble, y bajarla a piezas que se apoyen entre sí: una buena sala de prensa, portavoces con mensajes nítidos, contenidos que aguanten el paso del tiempo y formatos rápidos para cuando la conversación se acelera. Porque, al final, los clientes quieren tres cosas: ayúdame a que se entienda lo que hago, a que lo valoren y confíen en mí, y prepárame para estar listo cuando venga una crisis.
Por supuesto, la IA va a estar en todas partes, pero no como una varita mágica, sino como acelerador de trabajo para ser más ágiles en tareas rutinarias: versiones por canal, resúmenes, clippings, análisis de conversación, etc. Pero la IA no va a decidir por nosotros; ahí es donde una consultora de comunicación de verdad marcará más diferencias que nunca y será más identificable respecto a la competencia: con criterio editorial, olfato reputacional, verificación, tono, y saber cuándo algo es un titular, cuándo es humo y cuándo es un marrón. Y con estrategia y orden, guías, procesos y controles para que lo efímero no se convierta en un riesgo. El valor humano y la relación personal seguirán siendo esenciales.