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Pons Quintana, hecho en Menorca, pensado para el mundo

Desde su taller en Alaior hasta puntos de venta en más de 30 países, Pons Quintana es un referente del calzado artesanal con ADN menorquín y vocación internacional. En esta nueva entrevista para MARCA Baleares, conversamos con su director de Operaciones, Santiago Pons-Quintana Sugrañes, la tercera generación al frente de la firma, para entender cómo una empresa familiar ha sabido crecer sin perder sus raíces, apostando siempre por la calidad, el diseño y la autenticidad del producto hecho a mano. Con una historia que arranca en 1953 y una mirada puesta en el futuro, la marca reivindica el valor de la industria local, la fuerza de los pequeños nichos de mercado y la importancia de seguir fabricando en las islas pese a todas las dificultades logísticas. Una conversación que nos habla de legado, de adaptación, de compromiso... y de cómo una marca puede ser global sin dejar de ser profundamente balear.

¿Qué representa para vosotros la marca Baleares?

Para nosotros debería ser un elemento adicional a lo que es propiamente nuestra marca y nuestro planteamiento como empresa. Somos una empresa industrial. Representamos ya tradiciones y maneras de funcionar de Menorca, de más de un siglo de antigüedad. La marca Baleares de alguna manera es un elemento que nos proyecta hacia el mundo, porque hay suficiente conocimiento de Baleares como para que tenga una referencia fija. También tiene el hándicap de asociar Baleares solo con la industria turística y olvidar que también se realizan muchas actividades con mucho valor añadido y que se proyectan hacia los cinco continentes.

¿Qué papel ha jugado Menorca en la historia y la evolución de Pons Quintana?

Menorca es parte esencial del ADN de Pons Quintana. Al final somos una empresa nacida en Alaior. Aunque se podría haber deslocalizado la producción, siempre la unión con Menorca ha sido más poderosa que los inconvenientes de hacer industria aquí. En Menorca tenemos una doble insularidad. La logística, las limitaciones de mano de obra… son retos que compensamos con la voluntad de continuar esta artesanía tan importante en la isla.

¿Cómo definís la identidad de marca de Pons Quintana hoy en día?

Pons Quintana es una empresa muy centrada en el producto, muy centrada en hacer un producto artesanal de una calidad máxima y con un diseño muy cuidado, pero que a la vez se proyecta a un mercado global. Tenemos colecciones amplias que intentan abarcar las diferentes tendencias que pueda haber en el mundo. Cada país tiene ciertos planteamientos y nosotros somos capaces de adaptarlos a nuestro producto. Nos centramos en hacer artesanía, primera calidad, comunicarla y llegar a muchos nichos de mercado. No vamos al gran volumen, sino a los nichos que hay alrededor del mundo.


¿Qué importancia tiene esa artesanía dentro del proceso de fabricación? ¿Qué valor exterior a nivel comercial y de promoción tiene el hecho de que sea artesanía o ya no se valora igual que antes?

Ahora mismo, si no hiciésemos el planteamiento artesanal que hacemos, probablemente no existiríamos. Hay competencia feroz y precios que nosotros no podemos igualar. El producto trenzado, uno de nuestros buques insignia, es imposible hacerlo de forma mecanizada. Se necesita mucho tiempo y cariño. Gracias a estos elementos seguimos existiendo. El elemento artesano es todo para nosotros; si no fuese por eso, no existiríamos, como muchas otras empresas del calzado que han desaparecido en Menorca o Mallorca.

Pons Quintana, como marca, está presente en más de 30 países. ¿Qué estrategias han permitido crecer desde 1953 hasta hoy?

Pons Quintana nace exportando el 100%. El primer pedido fue para Islandia. Luego vino la venta nacional, pero la estrategia siempre fue salir, salir y volver a salir. Nuestro abuelo, mi padre y mi tía siempre estaban viajando buscando mercados. En los años 70 ya vendíamos en Japón, Inglaterra, Francia, Estados Unidos... Las ferias internacionales, especialmente la de Milán, han sido clave. También hemos asumido riesgos vendiendo en Mongolia, Kazajistán, el sur de África o islas de Nueva Caledonia.

¿Qué tipo de acogida tiene el concepto de Made in Spain o Made in Menorca?

El 'Made in' lo inventaron los italianos, pero España ha ido ganando reconocimiento como país fabricante de calidad. Para nosotros el 'Made in Spain' es importante administrativa y comercialmente. Fabricar en la UE tiene mucho peso. El 'Made in Menorca' forma parte de nuestro logo: Pons Quintana Menorca 1953. Es autodescriptivo. En los últimos años el nombre de Menorca ha ganado fuerza, lo que también nos ayuda. Pero más allá de eso, es parte de nuestro ADN.


¿Cuáles son los principales retos de futuro para una marca con tanta trayectoria como la vuestra?

El primero es la transición generacional, que ya estamos llevando a cabo entre mi hermana, mis primos y yo. El segundo es mantener la relevancia de la marca en un mercado que ha cambiado mucho. Ahora hay muchos canales, desde lo tradicional a lo online. También hay marcas que ya solo venden marca, no producto. Nosotros trabajamos por conjugar artesanía, marca y producto. Hemos hecho inversiones importantes en online y buscamos también nuevas líneas que consoliden la marca a medio y largo plazo.

¿Qué te hace sentir más orgulloso cuando piensas en el recorrido de Pons Quintana?

Estoy muy orgulloso de formar parte de mi familia y de esta historia de más de 70 años haciendo un producto de calidad. Mi abuelo siempre decía que el progreso de la empresa debía ir de la mano del progreso social. En las empresas familiares se priorizan cosas más allá del beneficio: conservar el legado, la historia y hacer que esta historia nos trascienda y continúe.

Si quieres leer la entrevista completa, así como las del resto de personalidades, descárgate MARCA BALEARES. El libro de las marcas renombradas de Baleares. Volumen II.

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